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Relatos ganadores
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>
> ¿Qué
veo cuando me miro en el espejo?
Ha
sido el tema con el que alrededor de 14.000 niños
y niñas, pertenecientes a 3.600 colegios públicos
y privados de toda España participaron en la prueba
de preselección de la 47ª edición del
Concurso Nacional de Redacción.
Desde
la Fundación Coca-Cola, nos sentimos orgullosos de
apoyar a los jóvenes valores de la escritura, incentivando
una actividad literaria germinal que estamos seguros dará
fantásticos frutos en un futuro próximo.
Nuestro
agradecimiento al Jurado Nacional, compuesto por: D.
Miguel Angel Aguilar, Secretario General de la Asociación
de Periodistas Europeos, Dª. Esperanza Aguirre,
Presidenta de la Comunidad de Madrid, D. Luis Mª
Ansón, miembro de la Real Academia Española
de la Lengua, Dª Carmen Calvo, ex ministra de
Cultura, Dª Angeles Caso, Escritora, Dª.
Pilar del Castillo Vera, Eurodiputada y Catedrática
de Ciencias Políticas y de la Administración,
D. Felipe Maraña "Felipe Sahagún",
profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad
de Ciencias de la Información y Periodista, D.
Manuel Martín Ferrand, escritor y periodista,
D. Luis Mateo Díez, miembro de la Real Academia
Española de la Lengua, Dª Paloma
Pedrero, directora y autora teatral, Dª
Elena Salgado, Ministra de Sanidad y Consumo, D.
Blas Senent, profesor de E.S.O. Colegio "El Vedat",
de Torrent (Valencia) y Dª María Tena,
Jefa del Gabinete de la Ministra de Sanidad y Consumo,
que ha seleccionado, entre las propuestas finalistas,
los textos ganadores.
Nuestra
felicitación a los profesores y colegios de los seleccionados
por su imprescindible y constante labor pedagógica.
Y
especialmente nuestra enhorabuena a los jóvenes participantes
en ésta edición del Concurso Nacional de Redacción.
Las diversas cualidades que se observan en las obras: sensibilidad,
imaginación, originalidad, equilibrio y capacidad
de síntesis, entre muchas otras, son en todos los
casos, fruto de un trabajo que merece ser premiado.
Esta
edición junto con los premios que otorga la Fundación
Coca Cola, es solo una pequeña aportación
a lo verdaderamente importante, la trayectoria vital que
estos jóvenes se están forjando y que los
está convirtiendo en personas.
Nos
alegra contribuir a cumplir sus sueños.
Fundación
Coca Cola - Juan Manuel Sáinz de Vicuña
Con
la colaboración de ONCE
Redacciones ganadoras de la 47ª edición del
Concurso Nacional de Redacción
>
>
Índíce
Redacciones
ganadoras por orden de clasificación.
-
Andrea
Natalia Ramos Piñeiro. Colegio Hermanas
Carmelitas. Vigo (Pontevedra).
-
María
Beunza. Colegio Eskibel. San Sebastián
(Guipúzcoa).
-
Marina
Rivas García. I.E.S. El Palmeral. Vera
(Almería).
-
María
Santaella Navas. Colegio Salliver. Fuengirola
(Málaga).
-
Patricia
Sáinz Buendía. Colegio Sagrados
Corazones. Torrelavega (Cantabria)
-
Silvia
Ronda Peñacoba. Colegio Liceo Castilla.
Burgos.
-
Marta
Palomar Toledano. Colegio Santo Tomás de
Villanueva. Valencia.
-
Sara
González Fernández. Colegio Divina
Pastora. Orense.
-
Rocío
Raga Wichi. Colegio La Salle San José.
Teruel.
-
Lourdes
Román Cano. Colegio Nuestra Señora
del Pilar. Jerez de la Frontera. Cádiz.
-
Marcos
Perera Izquierdo. Colegio Salesiano San Isidro.
La Orotava (Santa Cruz de Tenerife).
-
Neus
Chillida Zaragoza. Colegio Ramiro Izquierdo. Castellón.
>1
> ANDREA NATALIA RAMOS PIÑEIRO
Otro
día empieza. Siento la dulce luz del sol en mi cara.
Abro los ojos, he de levantarme. Miro a mi alrededor. Allí
está ella, mirándome expectante, esperando
a que diga algo. Noto como sus penetrantes ojos marrones
se clavan en mí. Sé lo que hará, lo
que piensa. Conozco sus movimientos. Somos una, somos la
misma. Dos gotas de agua, idénticas en este inmenso
e inquieto mar de emociones. Movimientos que la descubren,
rasgos que la delatan; sé lo que siente. Comparto
su alegría y su llanto, sus preocupaciones, sus deseos.
Unos
días tan distante, tan extraña. Ocultando
su verdadero yo, inmersa en sus sentimientos. Pero detrás
de su apariencia, se esconde ella, me escondo yo.
Somos
tan parecidas, pero ella terca, intenta diferenciarse de
mí, cambiar. Separadas por una fina franja, puedo
sentirla. No le hablo, nuestras miradas bastan. ¡La
conozco tan bien!, la comprendo. Intentando avanzar, conseguir
su meta. Luchando por obtener ese amor, esa paz tan ansiada.
Ella
me acompaña a todas partes, no me abandona, ni nunca
lo hará, aunque a veces la pierda, pierda la visión.
Desaparece, como un fantasma entre la niebla, como una mariposa
entre las flores. Cosas tan distintas, como ella, como yo.
Su cuerpo será siempre mi hogar. Su alma, mi mundo.
Me
levanto por fin. Ella desaparece, se va. No me preocupa,
al fin y al cabo detrás del espejo sé que
siempre estará ella, que siempre estaré yo.
>
2> MARIA BEUNZA
“Reflejo
de humo”
¿Dónde
estás? Nadie lo sabe. Tu cara, pálida como
la de un muerto, no refleja sentimiento alguno. Ahora mismo
sé que puedes oírme, me lo ha dicho el médico.
Sin embargo, no puedes responderme. Tus hermosos ojos azul
intenso carecen de vida, están vidriosos y vacíos.
Como si hubieras muerto.
Mamá
llora en una esquina, en silencio, como una niña
pequeña. Llora por ti, y por ella, que no supo educarte
ni hacerte feliz. Pero tu sí eras feliz. Entonces,
¿por qué lo hiciste?
¿Por
qué te escapaste, hace ya algunos meses, esa fría
noche de invierno? Tú, popular en todo el colegio,
tenías todo lo que cualquier persona de tu edad querría
tener. Y, sin embargo, tú no lo querías.
Preferías
refugiarte en el vulgar bar de Marcus, bailando al son de
la música barata a todo volumen, mientras bebías
una clara, sangría o cualquier otra bebida alcohólica
que estuviera de moda entre los jóvenes.
Preferías
emborracharte, escaparte de casa sin que nadie se enterara,
a contarnos tus problemas a mamá y a mí. Podíamos
ayudarte. Más tú no quisiste, y ahora estás
postrada en la blanca cama del hospital, y ya nadie puede
ayudarte. Porque la última vez bebiste más
de lo que tu cuerpo podía soportar.
Aún
recuerdo el día que lo descubrí.
Estabais
ella y tú solas en el baño del colegio. Tú
no habías acudido a clase después de que tocara
la sirena, y la sujetabas entre tus manos mal si fuera un
preciado tesoro. Preciado y prohibido: una caja de cigarrillos.
Entre
tus dedos sujetaste una colilla, guardaste la caja de nuevo,
y la encendiste. Cada músculo de tu cuerpo se relajó;
estar más de dos horas sin fumar no te sentaba bien.
Aspiraste el negro humo, que te quemó la garganta
antes de estancarse en tus pulmones, y abriste la boca,
tal y como lo hacen en las películas, soplando el
humo otra vez, hacia fuera.
Cuando
abría la puerta del baño y te vi allí,
quieta, observando tu imagen en el espejo, quedé
muda de asombro. Porque tu reflejo cubría el maloliente
humo gris, y me di cuenta entonces que realmente tú
eras como el humo: vacía e inalcanzable, porque cuando
se te intentaba ayudar, tú huías.
Ahora
estás aquí frente a mí. Pero no sé
dónde está tu mente. Nadie lo sabe.
¿Acaso
sientes cómo el dulce sol estival te acaricia el
rostro? ¿Puedes sentir el contacto de mis manos,
asiendo las tuyas?
Mamá
me llama: queda poco para que empiecen las clases. Pero
yo no quiero dejarte aquí, desprotegida.
Quiero
que vuelvas a casa con mamá y conmigo, que vuelvas
a soltar esas deliciosas carcajadas tuyas, que me consueles
de nuevo cuando tenga miedo. Quiero que vuelvas a hacerme
sentir afortunada por tener una hermana como tú.
Quiero que vuelvas…
>3>
MARINA RIVAS GARCÍA
Es
primavera y hace calor. Fuera, los árboles renacen
frondosos y entusiasmados, las mariposas vuelan incansables
de flor en flor, el campo está plagado de amapolas
y las hormigas trabajan infatigables bajo un hermoso sol
que brilla en el cielo anaranjado del amanecer.
Dentro,
en mi cuarto, el ambiente es muy distinto: la ropa por el
suelo, los libros volcados sobre la mesa, el Mp3 estropeado
junto a mis juguetes y mi osito preferido, junto a mis gafas
de sol y el equipo de música. La pared está
pintada de un rosa pálido y repleta de pósters
de mis artistas favoritos.
La
verdad es que estoy cambiando, los contrastes en mi cuarto
son muy evidentes. Parece que los muñecos se pondrían
a bailar hip-hop de un momento a otro. Me levanto, voy al
baño y me lavo la cara, me miro en el espejo y…
¡menudas ojeras! No debí quedarme a ver la
“peli” anoche. Un mar encrespado y furioso inunda
mi pelo. Un pelo ni largo, ni corto, ni liso ni rizado,
indefinido y para mi gusto un poco horroroso. Me peino,
pero el cepillo, en vez de alisar, lo aplasta y hace todavía
más definidas esas ondas rebeldes, semejantes a las
olas espumosas del mar. Voy a mi cuarto a vestirme. Acabo
de sacar la ropa de primavera-verano y mi armario está
hecho un lío. Las camisetas me aprietan, los vestidos
se me han quedado pequeños, las faldas son muy infantiles,
los pantalones me quedan demasiado anchos y cortos y largos
y estrechos y…¡uf! ¿Tanto he cambiado
de un año para otro?
Todavía
recuerdo a esa niña alegre y mofletuda que me devolvía
la mirada en el espejo. Esa niña sin preocupaciones,
ni exámenes, ni líos que lo único que
quería era estar feliz y divertirse. Yo a veces jugaba
a que esa niña vivía allí, al otro
lado de la pared en un mundo de reyes y princesas y que
cuando yo me iba ella salía y jugaba con mis juguetes.
Esa
niña vivía con sus amigos las hadas y los
duendes y, a veces, se enfrentaba a malignos dragones y
fea brujas con mucha valentía, confiando en que las
vencería en una fabulosa y singular batalla. Esa
niña era muy valiente y todavía recuerdo que
tenía el valor de sacarme la lengua cuando yo se
la sacaba.
¡Uf!
Hoy tengo examen de “natus” y ¡no he hecho
los ejercicios de matemáticas! Me miro en el espejo
y sonrío y una niña con la fuente repleta
de granos y espinillas y la boca llena de hierros me devuelve
la mirada. ¿Esta soy yo? ¡Y aún me quedan
las gafas! Me miro en el espejo preocupada y una sola mirada
basta para volver a observar, escondida al otro lado del
espejo, a esa niña pequeña y sonrosada que
me mira y dice: ¡Tú puedes! ¡Sigues siendo
la misma! ¡Ten confianza! ¡Juntas podemos con
todas las batallas!
>
4> MARIA SANTAELLA NAVAS
Cuando
me miro en el espejo veo… oscuridad. La única
forma que tengo de conocerme es a través de los demás.
Vivo
en un mundo de tinieblas, un mundo en el que siempre es
de noche, pero el mío es un cielo sin luna, soy ciega.
Mi padre es mi espejo. El me habla de los pájaros,
de las estrellas, de lo que me rodea. No nacía ciega,
por lo que puedo imaginarme lo que me describe.
Pero
sin duda, quien mejor me refleja es Alex. El es la mano
que me guía por las calles, los ojos que ven por
mí. Dice que mis labios son pétalos de rosa
húmedos de rocío, mi piel blanca como rayos
de luna y mis cabellos vírgenes y doradas pinceladas.
Le
amo. Amo su forma de hablarme, la manera que tiene de acariciarme
los dedos, el tenue susurro de su voz cuando me habla al
oído. Mas sé que para él soy sólo
una amiga, una amiga que es como su hermana.
No
puedo imaginarme cómo es Alex. A veces, cuando me
habla de los problemas del mundo, creo que es un niño
pequeño y asustado. Cuando habla de mi, me parece
que es ya un hombre.
Alex
llegó a mi vida hace un par de años. Nos conocimos
en la escuela de música, donde doy clases de piano.
Alex toca el violín. Algún día le diré
que le quiero. Y sé que cuando ese día llegue
será el fin de nuestra amistad. Y, posiblemente,
me quede sola entre las sombras.
Quisiera
volver a ver, aunque sólo fuera por un minuto para
contemplar los ojos de Alex y poder comprobar si se llenan
de amor como creo que hacen los míos cuando él
está cerca.
A
menudo, hacemos un dúo, él con el violín
y yo con el piano. Y entonces cuando la canción alcanza
su clímax, y mis dedos se deslizan frenéticamente
por las teclas, creo ver a Alex. Y también me veo
a mí, reflejada en sus ojos. Y eso que veo es lo
que responde a la pregunta. Cuando me miro en ese espejo,
en los ojos de él cuando hacemos música, veo
a una niñita que quiere vivir, que quiere salir de
la oscuridad y crecer para hacerse fuerte.
Quiero
vivir, porque quiero ver el mundo, aunque sea a través
de los ojos de otros, y mis manos… Quiero salir de
la oscuridad para pasar a vivir en la luz. Quiero crecer
y ser fuerte para afrontar la derrota que me espera por
mi amor a Alex.
Y
también… también deseo … tocar
mi piano hasta no poder más, para poder verme en
los ojos de mi amor gracias a la música.
>
5> PATRICIA SAINZ BUENDÍA
En
frente de mi hay un espejo. Paso suavemente mis dedos por
el adornado marco. ¿Qué es lo que veo? Lo
esencial es invisible a los ojos. Este es un espejo especial.
Por él no pasan los años; conserva mi imagen
intacta. Para no olvidar quién soy ni quién
fui. No muestra una imagen, eso sería muy superficial.
No busco una imagen, sólo refleja mis sentimientos
y emociones de odio, solidaridad, alegría, dolor,
impaciencia,… Nadie me conoce mejor que ese espejo.
De
repente, absorta, mis dedos resbalan y caen inconscientemente
sobre el duro cristal, desviándose del camino regular
que seguían. Al separar el dedo, he dejado una mancha.
La misma huella que queda cuando se siente que alguien te
ha hecho daño o demuestra que te quiere.
Por
un momento, he sentido inseguridad al salirme de ese camino
previsto. Tampoco me he sentido la misma persona al contactar
con el frío cristal, pero a la vez reconfortante
calor de darme cuenta de quién está al otro
lado del espejo. Sigo siendo aquella joven soñadora
que hacía tantas estrategias para conseguir sus objetivos,
lo que de verdad deseaba, que luchaba por todo lo que merecía
la pena y por todo lo que se proponía. Porque soy
la misma. Porque hay otros “yos” otras muchas
realidades como yo, atrapadas en ese espejo en medio de
sus sueños, en otro lugar, lejano, paralelo al mundo,
sumidos en su propia vida, su propia historia, sin preocuparse
de nada más. Es increíble comprobar cómo
entre esas personas y yo hay una mínima distancia
que nos separa, que no somos tan diferentes como parecemos.
Dicen
que una imagen expresa más de mil palabras. No lo
creo. Lo que importa es el interior de cada persona. Hay
personas completamente huecas, sin estructurar. Me da igual
cómo sean por fuera, lo primero es lo primero, y
eso es indiscutible. No deberíamos dejarnos llevar
por la primera impresión. Tampoco podremos llegar
a conocer a alguien como a nosotros mismos. Eso es imposible;
muchas no saben incluso todavía ni cómo son
ellas. Se han ido poniendo obstáculos, creándose
impedimentos, y siendo partícipes de una lucha sin
tregua que ellos mismos empezaron. Con una capa, ¿ya
qué más da dos que cincuenta? A veces, lo
que empezó siendo un orgullo, acaba siendo para la
persona (él cree) una deshonra y una vergüenza.
Gente incomprendida, como Mozart, pasó por ello.
La suerte es la que tira los dados, unas veces se gana,
y otras se pierde, puedes arruinarte o enriquecerte. Hay
que ser fuerte.
Yo,
cuando me miro en el espejo, en ese espejo, me siento orgullosa
de ser quien soy, y no me veo únicamente a mí,
sino además, también está reflejado
mi mundo de sueños; mi mente: mi inagotable imaginación.
>
6> SILVIA RONDA PEÑACOBA
Todos
los días, en cuanto llego a casa, lo primero que
hago es ir a mirarme en el espejo. Me parece un objeto fascinante
e increíble. Sé que muchas personas sólo
ven en él su reflejo. Pero yo creo que hay algo más…
Algo que sólo se ve si miras más allá
de la simple imagen. Algo que no se puede observar con los
ojos, sino con el corazón. Puede parecer absurdo
para algunos pero para otros puede ser el camino hacia la
verdadera felicidad.
Cada
vez que miras al espejo, olvídate de todo lo demás.
Cierra los ojos y abre tu corazón. Llena tu mente
de recuerdos de felicidad, tristeza, temor, esperanza…
Da las gracias por respirar, sentir, llorar y reír.
Pide para que puedas seguir haciéndolo. Deja que
todos los sentimientos y emociones exploren tu cuerpo, que
te invadan…
Cuando
abras los ojos quizá ya no sean los mismos. Ahora
verás en ellos el reflejo, único y verdadero,
de tu persona. Podrás ver en su imagen tus ilusiones,
miedos, angustias, preocupaciones… ¿verdad
que es increíble?
Todas
las personas tienen algo especial, algo que las hace únicas.
Si aprendes a ver a alguien más allá de su
aspecto quizá lo descubras. Cada lágrima que
caiga por tu piel ya es parte de tu historia. Cada risa,
cada beso, cada caricia, etc… entra a formar parte
de los muchos capítulos de tu vida.
Vive
cada momento como si fuera el último. Disfruta de
las cosas simples y bellas. No tengas prisa y siente lo
increíble de las cosas. Jamás pierdas la esperanza
y no dejes de soñar.
No
persigas la felicidad porque es ella la que te ha de encontrar
a ti. Y, por último, ve cada día a tu espejo
y mírate. Descubre tu verdadero reflejo.
No
siempre tu espejo ha de ser el mismo. Prueba a verte reflejado
en la belleza de un rosa, la pureza del agua, la grandiosidad
del cielo o, simplemente, en la sinceridad y fidelidad de
un amigo. Intenta mejorar hasta sentirte orgulloso de tu
reflejo.
Recuerda
que, aunque muchas personas digan lo contrario, lo verdaderamente
importante está en tu corazón. Aprende a transmitir
a los demás tus pensamientos, sentimientos e ideas.
Si
no estás a gusto con tu imagen intenta estarlo contigo
mismo. Tu corazón es un lugar encantado, maravilloso…
No lo ensucies. No olvides que: “todo cuanto necesitas
está en ti”. (Jun Chang).
>
7> MARTA PALOMAR TOLEDANO
La
ciudad entera se mostraba impaciente ante aquella noticia:
“Espejo de los deseos trasladado temporalmente al
mundo de la cultura”. Colas interminables de personas
de diferentes edades, razas y culturas custodiaban las puertas
de éste, ya varias horas antes de abrir.
Sin
duda, se trataba de un espejo magníficamente elaborado.
Su marco de madera de sauce estaba labrado con motivos de
plantas y flores. Era obra de un conocido artesano, al que
se había atribuido la fama de “brujo”
puesto que sus invenciones no eran del todo convencionales.
Se le llamaba “espejo de los deseos” porque,
según se dicen, muestra a quien se contempla su mayor
deseo, aquello que anhelaría poseer por encima de
todo.
En
él, los ricos se veían aún más
adinerados y envueltos de fortuna, pero a la vez estaban
solos y eran desgraciados. Los pobres se veían vestidos
de traje, en un gran banquete, cenando con sus familias.
Los niños se veían adultos y responsables;
y los ancianos, jóvenes y ágiles de nuevo.
Al acabarse su tiempo, todos regresaban a sus hogares, humildes
o lujosos, desanimados al ver su deseo lejano e inalcanzable.
Hace
ya varios días que, movida por la curiosidad, me
planteé visitar aquel espejo del que regresaría
conociendo aquello que deseo en lo más profundo de
mí ser. Hoy por fin he reunido la voluntad suficiente
y he acudido a enfrentarme a aquello que el destino me depare.
He tenido que hacer largas horas de cola, bajo el calor
y el agobio, casi insoportables. Peor ahora, por fin, ya
estoy ante él.
No
logro ver nada con claridad, sólo figuras difuminadas
y borrosas. Parece que poco a poco, la imagen se va haciendo
más nítida y ya puedo visualizar una escena:
la de unos niños de diferentes culturas y tonos de
piel jugando en el patio de la escuela.
Mi
tiempo ha terminado y he emprendido el camino de vuelta
a casa. Mientras tanto, reflexiono sobre lo que he visto:
“Este es entonces mi mayor deseo, un mundo de igualdad;
tal como me he propuesto haré lo posible por convertirlo
en realidad, aunque quizá esté fuera de mi
alcance”.
>
8> SARA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ
Amanecía.
Los rayos de luz luchaban en una feroz batalla por conquistar
la oscuridad, pero la figura que reposaba entre las sábanas
de seda se negaba a despertar. ¿Para qué?
Prefería seguir soñando con una realidad distorsionada.
Deseaba no volver a sentir miedo. Un ruido la hizo reaccionar.
El canto de los ruiseñores del parque anunciaba el
reinado del sol otro día más. No se levantó.
No se movió. No quería verse.
Siguió
soñando con tener un cabello liso y suave como las
algodonadas nubes, oscuro como la inmensidad del cielo al
caer el crepúsculo, salpicado por la luz del astro
rey. Con tener los ojos pardos y dulces, cálidos
como un día de verano. Soñaba con tener las
mejillas sonrosadas como un cerezo en flor; y labios de
carmín. Con poseer una tez blanca y pura y una sonrisa
de auténtica felicidad, libre de prejuicios que en
la realidad le impedían saber lo que significaba
esa palabra.
Soñaba
con dejar de ser una niña y convertirse en mujer.
Con tener un esbelto cuerpo por el que luchasen todos los
caballeros, sin tener miedo a ser rechazada. Soñaba
con, al menos, sentirse una musa a los ojos de algún
escultor de besos.
Pero
sabía que ese sueño nunca se iba a cumplir.
Encendió la luz en un acto instintivo y se enfrentó
a la tortura que sacudía los entresijos de su mente.
Se vio en el espejo, como cada mañana gris de su
vida vacía. Su pelo no era más que una grotesca
imitación de la Medusa. Sus ojos eran marrones, fríos
como el hielo que se derretía para formar las lágrimas
que empezaban a inundar su mirada. Sus mejillas y su boca
eran una caricatura que se burlaba de la belleza…
y su cuerpo no era más que un dibujo mal hecho, una
escultura sin acabar, una mujer con proporciones que avergonzaban
a la mismísima naturaleza que le dio vida. Ahora
las lágrimas llegaban a su barbilla. Y bien…
ella no se quería. Ahora comprendía por qué
nadie la llegaría a querer. Por qué el príncipe
no apareció nunca. Simplemente porque ella no tenía
apariencia de princesa
>
9> ROCÍO RAGA WICHI
Son
las siete y media. Los rayos de sol se cuelan por mi ventana
mientras abro lentamente los ojos. Me quedo remoloneando
en la cama. Me encanta. Pasan los minutos, se está
haciendo tarde. Voy al baño a lavarme la cara, y
con mi bostezo perezoso me miro en el espejo. Recuerdo que,
cuando era niña, veía unos mofletes sonrojados
con unas graciosas pequitas. Ahora ya no veo eso. Ahora
veo una cara pálida, un rostro sin expresión.
Vuelvo a mi habitación. Me visto con la ropa que
había preparado el día anterior, la ropa que
me habían dicho mis amigas que me pusiese. A mí
no me gusta mucho, pero quedo bien entre los míos.
Me marcho hacia el colegio. Como de costumbre, mis amigas
insultan a unos niños africanos y con pocos recursos,
y se burlan de ellos por su pobreza. Me uno a ellas. A mí
no me gusta hacer esas cosas, pero si no las hago, me arriesgo
a quedarme sola, sin amigas.
Durante
el recreo, voy al espejo del baño para recogerme
el pelo, como les gusta a mis amigas. Lo que veo es muy
extraño. Por detrás veo un corazón
que se aleja llorando, un corazón triste, mi corazón.
¿Por qué se va de mi cuerpo? ¿Qué
he hecho mal? Pasan las interminables horas de clase. Por
fin es la hora de comer. Por la tarde, tengo que entregar
un trabajo, pero no lo he terminado. Lo consulto con mis
amigas. Nadie lo va a llevar hecho. ¿Qué hago?
Está claro. No puedo ser la única “panoli”
que lleve hecho el trabajo, ¡sería desastroso!
A
la entrada de mi casa hay un gran espejo. Al pasar por delante,
veo mi reflejo en él. Detrás de mí
hay algo abstracto y joven, algo que aún no ha terminado
de formarse, algo resplandeciente. Es mi mente. ¿Por
qué se va de mi cuerpo? ¿Qué he hecho
mal?
Es
la hora de comer. Mi hermano está sentado en la mesa
y el mando a distancia está en su poder. ¡Otra
vez esos estúpidos dibujos! Sin piedad, se lo arrebato.
Su llanto es para mí como el sonido del agua en una
tarde lluviosa. Le hago caso omiso.
Al
terminar de comer subo a lavarme los dientes. Al mirarme
en el espejo veo unos oídos que se van. Son unos
oídos sordos, unos oídos que ya no merezco.
¿Por qué se van? ¿Qué he hecho
mal?
Se
hace tarde. Tengo que volver a clase. Al llegar, veo a mis
amigas a lo lejos. Están pegando a aquellos niños
africanos. ¿En qué me he convertido? ¿Soy
como ellas? Esas caras de dolor, esos llantos, esos pobres
niños… yo no quiero ser así. Apresuradamente,
voy a defender a esos chicos. No se merecen ser tratados
de esa manera. Me rebelo contra mis amigas, ¡estoy
harta! No volveré a salir con ellas.
En
clase, le pido disculpas al profesor por no traer el trabajo,
y me concede unos días más para dárselo.
Al llegar a casa, me peino como yo quiero, me visto con
mi ropa favorita y veo los dibujos con mi hermano. Más
tarde, me miro en el espejo y vuelvo a ver esas mejillas
sonrojadas y con pequitas que hace tiempo me abandonaron.
>
10> LOURDES ROMAN CANO
“Mi
refugio”.
Tengo
un curioso ritual que hago de lunes a viernes, nada más
levantarme. Se trata de mirarme en el espejo del baño.
Es un objeto sencillo, formado por un cuadrado grande de
cristal con un marco metálico, donde se refleja el
rostro. Fíjate, un objeto tan simple y la de sensaciones
que puede hacer aflorar. Os contaré cómo me
veo cada mañana en este espejo.
Ese
lunes, al despertar, esa mañana en la que estoy cansada
y en la que me da pereza empezar una nueva semana con una
jornada escolar, el espejo es mi enemigo. Me muestra mi
rostro de amargura, mi melena totalmente despeinada y, lo
peor de todo, esa nueva espinilla. Son elementos que me
hacen pensar en la sensación que les daré
a los demás, que me siento débil, rechazada…
fea. Y eso me hace encontrarme fatal durante todo el día.
Los
martes cuando me levanto, me dan ganas de reír. Al
ver mi inocente rostro en el espejo; una cara risueña
que está ansiosa por conocer las nuevas aventuras
que le depara el día. Eso hace que mi autoestima
suba, y … me agrada lo que veo. Así, estoy
de un excelente humor todo el día.
Miércoles
por la mañana temprano. Ya tan pronto todo me pesa,
me agobia; me atosiga. Observo mi cara en el espejo y veo
la misma chica de todos los días, a la que le espera
una burla segura en el recreo ese día, por parte
de los chicos tan plastas de siempre. A veces, quisiera
conseguir el valor necesario para ignorar sus palabras o
hacerlos callar. Pero no puedo evitar que por muy pequeña
que sea la burla, el corazón se me acelere, que por
mis mejillas resbale unas pequeñas y saladas lágrimas
y que mis ojos, desorientados, busquen una salida, un escondite:
un refugio.
Llega
el jueves por la mañana. El ritual de contemplarme
en el espejo se repite. Esta vez me muestra un rostro con
los ojos enrojecidos por el llanto, aunque no están
tan rojos como el día anterior. Observo mi sonrisa
de medio lado. Significa que no estoy feliz, pero que tampoco
me encuentro fatal. Miro mis espinillas y suspiro con tristeza
al pensar que la burla del miércoles se pueda repetir.
Me muerdo el labio inferior para no romper a llorar. Y el
espejo se esfuerza por mostrarme una chica decidida y valiente.
Creo que a veces se comunica conmigo. Siento que hace ademán
de hablarme, de infundirme ánimos.
El
viernes al despertarme, siento un gran alivio. Al fin termina
la jornada de la semana y ya no tendré ningún
miedo ni ninguna necesidad de enfrentarme a alguien. Aunque
mi rostro, inseguro como siempre, manifieste temor, sé
que volveré a mi refugio. Mi seguro refugio.
¿Sabes
por qué no practico mi ritual los fines de semana?
Porque ese día no veré mi refugio. No me sentiré
ni fuerte ni valiente sabiendo que no asistiré allí.
Y bien, ¿intrigado por ese refugio? Ya, seguro que
te sonríes y piensas que estoy loca. Os aseguro que
pronto encontraréis vuestro refugio y que nada podrá
vencerlo. Desde que yo encontré el mío, ya
no doy importancia a las burlas de los demás. Surgió
cuando aquella chica sonriente que estaba en mi clase pero
en la que nunca me había fijado, me saludó.
Sí sólo dijo: “hola”. Yo continué
hablándole. Fue especial. Mi primera amiga. Mi refugio
seguro donde poder ser feliz. Donde los complejos quedaban
a parte. Donde cada día se unían nuevos amigos.
Donde podía vivir como realmente deseaba: siendo
yo misma.
>
11> MARCOS PERERA IZQUIERDO
Si
volvemos la vista atrás, descubriremos que los espejos,
instrumentos que actualmente vemos tan cotidianamente, tienen
una historia más interesante de la que nosotros le
asignamos. Es cuestión de hacer volar la imaginación…
Antiguamente,
los habitantes de Mecenas fueron famosos por su idea de
construir placas pulidas de bronce, el primer esbozo de
espejos. Las mujeres los utilizaban para acicalarse, peinarse
y ponerse adornos.
Un
milenio más tarde, los etruscos, habitantes del río
Tíber antes que los romanos, fabricaron espejos;
como expertos artesanos que eran, sus obras eran más
complejas, siendo ahora de forma redondeada, cilíndricos
o circulares; con mango y tallas de leones alados. Estos
espejos plasmaban los sentimientos y pensamientos de sus
autores, por lo que solían ser obras muy espirituales,
y eran utilizados por los adivinos a la hora de predecir
los vaticinios en las vísceras de los animales.
Si
damos un salto en el tiempo, encontraremos en Venecia, en
el siglo XVI, los artesanos constructores de espejos florecieron,
siendo ésta la época de los mayores genios,
como el maestro Guido Forlani. Se inventaron nuevas técnicas
de fabricación, que permitieron el descubrimiento
de nuevos efectos, como los efectos “catóptricos”,
llamados también de triple reflejo. En esta época,
los espejos adquirieron nociones más esotéricas
y misteriosas, pasando por las ideas de contemplación
de otros mundos, otras realidades, a través de los
espejos; pero nunca pasó la visión estética
de los espejos.
En
la actualidad, los espejos son utilizados por la gente para
acicalarse, para ver su reflejo, esa parte de nosotros que
a la vez no lo es, y que utilizamos para descubrir nuestro
rostro y poder saber cual es nuestro aspecto, que de otra
forma nos sería imposible averiguar.
Sin
embargo, ante el espejo, nuestros sentimientos nos quedan
vedados. El espejo de nuestros sentimientos está
empañado, cubierto por un velo de niebla. Para ello,
tenemos, necesitamos a los demás. El resto de la
gente percibe nuestros sentimientos, como si fueran prendas
de ropa. La gente que nos quiere nos ayuda, mostrándonos
cómo nos sentimos, ayudándonos. El apoyo mutuo
es como un espejo, lo que hagas de bien se reflejará
para ti, pero lo que hagas de mal, se empeorará en
tu contra: observa tu reflejo y decide qué imagen
te gustaría reflejar.
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12> NEUS CHILLIDA ZARAGOZÁ
Al
cruzar la puerta aparece frente a mí la imagen de
una joven risueña, creo que se parece a mí,
pero esa duda aparece sólo un instante en mi mente.
Tras ella se refleja un mundo paralelo al nuestro, un mundo
sin sentimientos, gris, triste, silencioso…La misteriosa
joven desaparece en cuanto yo salgo de la habitación
y vuelve cuando yo regreso, mira con astucia todos mis gestos
y refleja todos mis delicados movimientos.
Su
imagen es algo superficial e insegura y por eso teme que
un día su frágil silueta se rompa en brillantes
trozos. No puede hablarme pero su sinceridad se muestra
en su mirada, no puede oírme pero me comprende en
su silencio misterioso. Su vida es rutinaria ya que nunca
podrá salir del antiguo marco dorado que envuelve
el viejo espejo. En el rincón, más bajo aún,
se recuerda la imagen del pasado, la cual por más
tiempo que pase no borrará el apesadumbrado espejo.
Viejo espejo que me ha visto crecer, reír y llorar,…
viejo espejo que le dio a mi reflejo la vida… Espejo
de mis sueños que en un futuro se cumplirán,
verás pasar mis años y tú seguirás
igual colgado en tu precioso marco dorado, con tu pulida
superficie que con sinceridad muestras la verdad a todos
aquellos que se acercan y creen en ti.
Te
pido que no te ocultes nunca a nadie, que se vean sobre
ti y conozcan su reflejo, te pido viejo amigo que no mientas
nunca o se perjudicarán las vidas de personas inocentes.
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