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Relatos ganadores
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> > ¿Qué veo cuando me miro en el espejo?

Ha sido el tema con el que alrededor de 14.000 niños y niñas, pertenecientes a 3.600 colegios públicos y privados de toda España participaron en la prueba de preselección de la 47ª edición del Concurso Nacional de Redacción.

Desde la Fundación Coca-Cola, nos sentimos orgullosos de apoyar a los jóvenes valores de la escritura, incentivando una actividad literaria germinal que estamos seguros dará fantásticos frutos en un futuro próximo.

Nuestro agradecimiento al Jurado Nacional, compuesto por: D. Miguel Angel Aguilar, Secretario General de la Asociación de Periodistas Europeos, Dª. Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid, D. Luis Mª Ansón, miembro de la Real Academia Española de la Lengua, Dª Carmen Calvo, ex ministra de Cultura, Dª Angeles Caso, Escritora, Dª. Pilar del Castillo Vera, Eurodiputada y Catedrática de Ciencias Políticas y de la Administración, D. Felipe Maraña "Felipe Sahagún", profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias de la Información y Periodista, D. Manuel Martín Ferrand, escritor y periodista, D. Luis Mateo Díez, miembro de la Real Academia Española de la Lengua, Dª Paloma Pedrero, directora y autora teatral, Dª Elena Salgado, Ministra de Sanidad y Consumo, D. Blas Senent, profesor de E.S.O. Colegio "El Vedat", de Torrent (Valencia) y Dª María Tena, Jefa del Gabinete de la Ministra de Sanidad y Consumo, que ha seleccionado, entre las propuestas finalistas, los textos ganadores.

Nuestra felicitación a los profesores y colegios de los seleccionados por su imprescindible y constante labor pedagógica.

Y especialmente nuestra enhorabuena a los jóvenes participantes en ésta edición del Concurso Nacional de Redacción. Las diversas cualidades que se observan en las obras: sensibilidad, imaginación, originalidad, equilibrio y capacidad de síntesis, entre muchas otras, son en todos los casos, fruto de un trabajo que merece ser premiado.

Esta edición junto con los premios que otorga la Fundación Coca Cola, es solo una pequeña aportación a lo verdaderamente importante, la trayectoria vital que estos jóvenes se están forjando y que los está convirtiendo en personas.

Nos alegra contribuir a cumplir sus sueños.

Fundación Coca Cola - Juan Manuel Sáinz de Vicuña

Con la colaboración de ONCE

Redacciones ganadoras de la 47ª edición del Concurso Nacional de Redacción

> > Índíce

Redacciones ganadoras por orden de clasificación.

    1. Andrea Natalia Ramos Piñeiro. Colegio Hermanas Carmelitas. Vigo (Pontevedra).

    1. María Beunza. Colegio Eskibel. San Sebastián (Guipúzcoa).

    1. Marina Rivas García. I.E.S. El Palmeral. Vera (Almería).

    1. María Santaella Navas. Colegio Salliver. Fuengirola (Málaga).

    1. Patricia Sáinz Buendía. Colegio Sagrados Corazones. Torrelavega (Cantabria)

    1. Silvia Ronda Peñacoba. Colegio Liceo Castilla. Burgos.

    1. Marta Palomar Toledano. Colegio Santo Tomás de Villanueva. Valencia.

    1. Sara González Fernández. Colegio Divina Pastora. Orense.

    1. Rocío Raga Wichi. Colegio La Salle San José. Teruel.

    1. Lourdes Román Cano. Colegio Nuestra Señora del Pilar. Jerez de la Frontera. Cádiz.

    1. Marcos Perera Izquierdo. Colegio Salesiano San Isidro. La Orotava (Santa Cruz de Tenerife).

    1. Neus Chillida Zaragoza. Colegio Ramiro Izquierdo. Castellón.




>1 > ANDREA NATALIA RAMOS PIÑEIRO

Otro día empieza. Siento la dulce luz del sol en mi cara. Abro los ojos, he de levantarme. Miro a mi alrededor. Allí está ella, mirándome expectante, esperando a que diga algo. Noto como sus penetrantes ojos marrones se clavan en mí. Sé lo que hará, lo que piensa. Conozco sus movimientos. Somos una, somos la misma. Dos gotas de agua, idénticas en este inmenso e inquieto mar de emociones. Movimientos que la descubren, rasgos que la delatan; sé lo que siente. Comparto su alegría y su llanto, sus preocupaciones, sus deseos.

Unos días tan distante, tan extraña. Ocultando su verdadero yo, inmersa en sus sentimientos. Pero detrás de su apariencia, se esconde ella, me escondo yo.

Somos tan parecidas, pero ella terca, intenta diferenciarse de mí, cambiar. Separadas por una fina franja, puedo sentirla. No le hablo, nuestras miradas bastan. ¡La conozco tan bien!, la comprendo. Intentando avanzar, conseguir su meta. Luchando por obtener ese amor, esa paz tan ansiada.

Ella me acompaña a todas partes, no me abandona, ni nunca lo hará, aunque a veces la pierda, pierda la visión. Desaparece, como un fantasma entre la niebla, como una mariposa entre las flores. Cosas tan distintas, como ella, como yo. Su cuerpo será siempre mi hogar. Su alma, mi mundo.

Me levanto por fin. Ella desaparece, se va. No me preocupa, al fin y al cabo detrás del espejo sé que siempre estará ella, que siempre estaré yo.


> 2> MARIA BEUNZA

Reflejo de humo”

¿Dónde estás? Nadie lo sabe. Tu cara, pálida como la de un muerto, no refleja sentimiento alguno. Ahora mismo sé que puedes oírme, me lo ha dicho el médico. Sin embargo, no puedes responderme. Tus hermosos ojos azul intenso carecen de vida, están vidriosos y vacíos. Como si hubieras muerto.

Mamá llora en una esquina, en silencio, como una niña pequeña. Llora por ti, y por ella, que no supo educarte ni hacerte feliz. Pero tu sí eras feliz. Entonces, ¿por qué lo hiciste?

¿Por qué te escapaste, hace ya algunos meses, esa fría noche de invierno? Tú, popular en todo el colegio, tenías todo lo que cualquier persona de tu edad querría tener. Y, sin embargo, tú no lo querías.

Preferías refugiarte en el vulgar bar de Marcus, bailando al son de la música barata a todo volumen, mientras bebías una clara, sangría o cualquier otra bebida alcohólica que estuviera de moda entre los jóvenes.

Preferías emborracharte, escaparte de casa sin que nadie se enterara, a contarnos tus problemas a mamá y a mí. Podíamos ayudarte. Más tú no quisiste, y ahora estás postrada en la blanca cama del hospital, y ya nadie puede ayudarte. Porque la última vez bebiste más de lo que tu cuerpo podía soportar.

Aún recuerdo el día que lo descubrí.

Estabais ella y tú solas en el baño del colegio. Tú no habías acudido a clase después de que tocara la sirena, y la sujetabas entre tus manos mal si fuera un preciado tesoro. Preciado y prohibido: una caja de cigarrillos.

Entre tus dedos sujetaste una colilla, guardaste la caja de nuevo, y la encendiste. Cada músculo de tu cuerpo se relajó; estar más de dos horas sin fumar no te sentaba bien. Aspiraste el negro humo, que te quemó la garganta antes de estancarse en tus pulmones, y abriste la boca, tal y como lo hacen en las películas, soplando el humo otra vez, hacia fuera.

Cuando abría la puerta del baño y te vi allí, quieta, observando tu imagen en el espejo, quedé muda de asombro. Porque tu reflejo cubría el maloliente humo gris, y me di cuenta entonces que realmente tú eras como el humo: vacía e inalcanzable, porque cuando se te intentaba ayudar, tú huías.

Ahora estás aquí frente a mí. Pero no sé dónde está tu mente. Nadie lo sabe.

¿Acaso sientes cómo el dulce sol estival te acaricia el rostro? ¿Puedes sentir el contacto de mis manos, asiendo las tuyas?

Mamá me llama: queda poco para que empiecen las clases. Pero yo no quiero dejarte aquí, desprotegida.

Quiero que vuelvas a casa con mamá y conmigo, que vuelvas a soltar esas deliciosas carcajadas tuyas, que me consueles de nuevo cuando tenga miedo. Quiero que vuelvas a hacerme sentir afortunada por tener una hermana como tú. Quiero que vuelvas…


>3> MARINA RIVAS GARCÍA

Es primavera y hace calor. Fuera, los árboles renacen frondosos y entusiasmados, las mariposas vuelan incansables de flor en flor, el campo está plagado de amapolas y las hormigas trabajan infatigables bajo un hermoso sol que brilla en el cielo anaranjado del amanecer.

Dentro, en mi cuarto, el ambiente es muy distinto: la ropa por el suelo, los libros volcados sobre la mesa, el Mp3 estropeado junto a mis juguetes y mi osito preferido, junto a mis gafas de sol y el equipo de música. La pared está pintada de un rosa pálido y repleta de pósters de mis artistas favoritos.

La verdad es que estoy cambiando, los contrastes en mi cuarto son muy evidentes. Parece que los muñecos se pondrían a bailar hip-hop de un momento a otro. Me levanto, voy al baño y me lavo la cara, me miro en el espejo y… ¡menudas ojeras! No debí quedarme a ver la “peli” anoche. Un mar encrespado y furioso inunda mi pelo. Un pelo ni largo, ni corto, ni liso ni rizado, indefinido y para mi gusto un poco horroroso. Me peino, pero el cepillo, en vez de alisar, lo aplasta y hace todavía más definidas esas ondas rebeldes, semejantes a las olas espumosas del mar. Voy a mi cuarto a vestirme. Acabo de sacar la ropa de primavera-verano y mi armario está hecho un lío. Las camisetas me aprietan, los vestidos se me han quedado pequeños, las faldas son muy infantiles, los pantalones me quedan demasiado anchos y cortos y largos y estrechos y…¡uf! ¿Tanto he cambiado de un año para otro?

Todavía recuerdo a esa niña alegre y mofletuda que me devolvía la mirada en el espejo. Esa niña sin preocupaciones, ni exámenes, ni líos que lo único que quería era estar feliz y divertirse. Yo a veces jugaba a que esa niña vivía allí, al otro lado de la pared en un mundo de reyes y princesas y que cuando yo me iba ella salía y jugaba con mis juguetes.

Esa niña vivía con sus amigos las hadas y los duendes y, a veces, se enfrentaba a malignos dragones y fea brujas con mucha valentía, confiando en que las vencería en una fabulosa y singular batalla. Esa niña era muy valiente y todavía recuerdo que tenía el valor de sacarme la lengua cuando yo se la sacaba.

¡Uf! Hoy tengo examen de “natus” y ¡no he hecho los ejercicios de matemáticas! Me miro en el espejo y sonrío y una niña con la fuente repleta de granos y espinillas y la boca llena de hierros me devuelve la mirada. ¿Esta soy yo? ¡Y aún me quedan las gafas! Me miro en el espejo preocupada y una sola mirada basta para volver a observar, escondida al otro lado del espejo, a esa niña pequeña y sonrosada que me mira y dice: ¡Tú puedes! ¡Sigues siendo la misma! ¡Ten confianza! ¡Juntas podemos con todas las batallas!


> 4> MARIA SANTAELLA NAVAS

Cuando me miro en el espejo veo… oscuridad. La única forma que tengo de conocerme es a través de los demás.

Vivo en un mundo de tinieblas, un mundo en el que siempre es de noche, pero el mío es un cielo sin luna, soy ciega. Mi padre es mi espejo. El me habla de los pájaros, de las estrellas, de lo que me rodea. No nacía ciega, por lo que puedo imaginarme lo que me describe.

Pero sin duda, quien mejor me refleja es Alex. El es la mano que me guía por las calles, los ojos que ven por mí. Dice que mis labios son pétalos de rosa húmedos de rocío, mi piel blanca como rayos de luna y mis cabellos vírgenes y doradas pinceladas.

Le amo. Amo su forma de hablarme, la manera que tiene de acariciarme los dedos, el tenue susurro de su voz cuando me habla al oído. Mas sé que para él soy sólo una amiga, una amiga que es como su hermana.

No puedo imaginarme cómo es Alex. A veces, cuando me habla de los problemas del mundo, creo que es un niño pequeño y asustado. Cuando habla de mi, me parece que es ya un hombre.

Alex llegó a mi vida hace un par de años. Nos conocimos en la escuela de música, donde doy clases de piano. Alex toca el violín. Algún día le diré que le quiero. Y sé que cuando ese día llegue será el fin de nuestra amistad. Y, posiblemente, me quede sola entre las sombras.

Quisiera volver a ver, aunque sólo fuera por un minuto para contemplar los ojos de Alex y poder comprobar si se llenan de amor como creo que hacen los míos cuando él está cerca.

A menudo, hacemos un dúo, él con el violín y yo con el piano. Y entonces cuando la canción alcanza su clímax, y mis dedos se deslizan frenéticamente por las teclas, creo ver a Alex. Y también me veo a mí, reflejada en sus ojos. Y eso que veo es lo que responde a la pregunta. Cuando me miro en ese espejo, en los ojos de él cuando hacemos música, veo a una niñita que quiere vivir, que quiere salir de la oscuridad y crecer para hacerse fuerte.

Quiero vivir, porque quiero ver el mundo, aunque sea a través de los ojos de otros, y mis manos… Quiero salir de la oscuridad para pasar a vivir en la luz. Quiero crecer y ser fuerte para afrontar la derrota que me espera por mi amor a Alex.

Y también… también deseo … tocar mi piano hasta no poder más, para poder verme en los ojos de mi amor gracias a la música.


> 5> PATRICIA SAINZ BUENDÍA

En frente de mi hay un espejo. Paso suavemente mis dedos por el adornado marco. ¿Qué es lo que veo? Lo esencial es invisible a los ojos. Este es un espejo especial. Por él no pasan los años; conserva mi imagen intacta. Para no olvidar quién soy ni quién fui. No muestra una imagen, eso sería muy superficial. No busco una imagen, sólo refleja mis sentimientos y emociones de odio, solidaridad, alegría, dolor, impaciencia,… Nadie me conoce mejor que ese espejo.

De repente, absorta, mis dedos resbalan y caen inconscientemente sobre el duro cristal, desviándose del camino regular que seguían. Al separar el dedo, he dejado una mancha. La misma huella que queda cuando se siente que alguien te ha hecho daño o demuestra que te quiere.

Por un momento, he sentido inseguridad al salirme de ese camino previsto. Tampoco me he sentido la misma persona al contactar con el frío cristal, pero a la vez reconfortante calor de darme cuenta de quién está al otro lado del espejo. Sigo siendo aquella joven soñadora que hacía tantas estrategias para conseguir sus objetivos, lo que de verdad deseaba, que luchaba por todo lo que merecía la pena y por todo lo que se proponía. Porque soy la misma. Porque hay otros “yos” otras muchas realidades como yo, atrapadas en ese espejo en medio de sus sueños, en otro lugar, lejano, paralelo al mundo, sumidos en su propia vida, su propia historia, sin preocuparse de nada más. Es increíble comprobar cómo entre esas personas y yo hay una mínima distancia que nos separa, que no somos tan diferentes como parecemos.

Dicen que una imagen expresa más de mil palabras. No lo creo. Lo que importa es el interior de cada persona. Hay personas completamente huecas, sin estructurar. Me da igual cómo sean por fuera, lo primero es lo primero, y eso es indiscutible. No deberíamos dejarnos llevar por la primera impresión. Tampoco podremos llegar a conocer a alguien como a nosotros mismos. Eso es imposible; muchas no saben incluso todavía ni cómo son ellas. Se han ido poniendo obstáculos, creándose impedimentos, y siendo partícipes de una lucha sin tregua que ellos mismos empezaron. Con una capa, ¿ya qué más da dos que cincuenta? A veces, lo que empezó siendo un orgullo, acaba siendo para la persona (él cree) una deshonra y una vergüenza. Gente incomprendida, como Mozart, pasó por ello. La suerte es la que tira los dados, unas veces se gana, y otras se pierde, puedes arruinarte o enriquecerte. Hay que ser fuerte.

Yo, cuando me miro en el espejo, en ese espejo, me siento orgullosa de ser quien soy, y no me veo únicamente a mí, sino además, también está reflejado mi mundo de sueños; mi mente: mi inagotable imaginación.


> 6> SILVIA RONDA PEÑACOBA

Todos los días, en cuanto llego a casa, lo primero que hago es ir a mirarme en el espejo. Me parece un objeto fascinante e increíble. Sé que muchas personas sólo ven en él su reflejo. Pero yo creo que hay algo más… Algo que sólo se ve si miras más allá de la simple imagen. Algo que no se puede observar con los ojos, sino con el corazón. Puede parecer absurdo para algunos pero para otros puede ser el camino hacia la verdadera felicidad.

Cada vez que miras al espejo, olvídate de todo lo demás. Cierra los ojos y abre tu corazón. Llena tu mente de recuerdos de felicidad, tristeza, temor, esperanza… Da las gracias por respirar, sentir, llorar y reír. Pide para que puedas seguir haciéndolo. Deja que todos los sentimientos y emociones exploren tu cuerpo, que te invadan…

Cuando abras los ojos quizá ya no sean los mismos. Ahora verás en ellos el reflejo, único y verdadero, de tu persona. Podrás ver en su imagen tus ilusiones, miedos, angustias, preocupaciones… ¿verdad que es increíble?

Todas las personas tienen algo especial, algo que las hace únicas. Si aprendes a ver a alguien más allá de su aspecto quizá lo descubras. Cada lágrima que caiga por tu piel ya es parte de tu historia. Cada risa, cada beso, cada caricia, etc… entra a formar parte de los muchos capítulos de tu vida.

Vive cada momento como si fuera el último. Disfruta de las cosas simples y bellas. No tengas prisa y siente lo increíble de las cosas. Jamás pierdas la esperanza y no dejes de soñar.

No persigas la felicidad porque es ella la que te ha de encontrar a ti. Y, por último, ve cada día a tu espejo y mírate. Descubre tu verdadero reflejo.

No siempre tu espejo ha de ser el mismo. Prueba a verte reflejado en la belleza de un rosa, la pureza del agua, la grandiosidad del cielo o, simplemente, en la sinceridad y fidelidad de un amigo. Intenta mejorar hasta sentirte orgulloso de tu reflejo.

Recuerda que, aunque muchas personas digan lo contrario, lo verdaderamente importante está en tu corazón. Aprende a transmitir a los demás tus pensamientos, sentimientos e ideas.

Si no estás a gusto con tu imagen intenta estarlo contigo mismo. Tu corazón es un lugar encantado, maravilloso… No lo ensucies. No olvides que: “todo cuanto necesitas está en ti”. (Jun Chang).


> 7> MARTA PALOMAR TOLEDANO

La ciudad entera se mostraba impaciente ante aquella noticia: “Espejo de los deseos trasladado temporalmente al mundo de la cultura”. Colas interminables de personas de diferentes edades, razas y culturas custodiaban las puertas de éste, ya varias horas antes de abrir.

Sin duda, se trataba de un espejo magníficamente elaborado. Su marco de madera de sauce estaba labrado con motivos de plantas y flores. Era obra de un conocido artesano, al que se había atribuido la fama de “brujo” puesto que sus invenciones no eran del todo convencionales. Se le llamaba “espejo de los deseos” porque, según se dicen, muestra a quien se contempla su mayor deseo, aquello que anhelaría poseer por encima de todo.

En él, los ricos se veían aún más adinerados y envueltos de fortuna, pero a la vez estaban solos y eran desgraciados. Los pobres se veían vestidos de traje, en un gran banquete, cenando con sus familias. Los niños se veían adultos y responsables; y los ancianos, jóvenes y ágiles de nuevo. Al acabarse su tiempo, todos regresaban a sus hogares, humildes o lujosos, desanimados al ver su deseo lejano e inalcanzable.

Hace ya varios días que, movida por la curiosidad, me planteé visitar aquel espejo del que regresaría conociendo aquello que deseo en lo más profundo de mí ser. Hoy por fin he reunido la voluntad suficiente y he acudido a enfrentarme a aquello que el destino me depare. He tenido que hacer largas horas de cola, bajo el calor y el agobio, casi insoportables. Peor ahora, por fin, ya estoy ante él.

No logro ver nada con claridad, sólo figuras difuminadas y borrosas. Parece que poco a poco, la imagen se va haciendo más nítida y ya puedo visualizar una escena: la de unos niños de diferentes culturas y tonos de piel jugando en el patio de la escuela.

Mi tiempo ha terminado y he emprendido el camino de vuelta a casa. Mientras tanto, reflexiono sobre lo que he visto: “Este es entonces mi mayor deseo, un mundo de igualdad; tal como me he propuesto haré lo posible por convertirlo en realidad, aunque quizá esté fuera de mi alcance”.


> 8> SARA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

Amanecía. Los rayos de luz luchaban en una feroz batalla por conquistar la oscuridad, pero la figura que reposaba entre las sábanas de seda se negaba a despertar. ¿Para qué? Prefería seguir soñando con una realidad distorsionada. Deseaba no volver a sentir miedo. Un ruido la hizo reaccionar. El canto de los ruiseñores del parque anunciaba el reinado del sol otro día más. No se levantó. No se movió. No quería verse.

Siguió soñando con tener un cabello liso y suave como las algodonadas nubes, oscuro como la inmensidad del cielo al caer el crepúsculo, salpicado por la luz del astro rey. Con tener los ojos pardos y dulces, cálidos como un día de verano. Soñaba con tener las mejillas sonrosadas como un cerezo en flor; y labios de carmín. Con poseer una tez blanca y pura y una sonrisa de auténtica felicidad, libre de prejuicios que en la realidad le impedían saber lo que significaba esa palabra.

Soñaba con dejar de ser una niña y convertirse en mujer. Con tener un esbelto cuerpo por el que luchasen todos los caballeros, sin tener miedo a ser rechazada. Soñaba con, al menos, sentirse una musa a los ojos de algún escultor de besos.

Pero sabía que ese sueño nunca se iba a cumplir. Encendió la luz en un acto instintivo y se enfrentó a la tortura que sacudía los entresijos de su mente. Se vio en el espejo, como cada mañana gris de su vida vacía. Su pelo no era más que una grotesca imitación de la Medusa. Sus ojos eran marrones, fríos como el hielo que se derretía para formar las lágrimas que empezaban a inundar su mirada. Sus mejillas y su boca eran una caricatura que se burlaba de la belleza… y su cuerpo no era más que un dibujo mal hecho, una escultura sin acabar, una mujer con proporciones que avergonzaban a la mismísima naturaleza que le dio vida. Ahora las lágrimas llegaban a su barbilla. Y bien… ella no se quería. Ahora comprendía por qué nadie la llegaría a querer. Por qué el príncipe no apareció nunca. Simplemente porque ella no tenía apariencia de princesa


> 9> ROCÍO RAGA WICHI

Son las siete y media. Los rayos de sol se cuelan por mi ventana mientras abro lentamente los ojos. Me quedo remoloneando en la cama. Me encanta. Pasan los minutos, se está haciendo tarde. Voy al baño a lavarme la cara, y con mi bostezo perezoso me miro en el espejo. Recuerdo que, cuando era niña, veía unos mofletes sonrojados con unas graciosas pequitas. Ahora ya no veo eso. Ahora veo una cara pálida, un rostro sin expresión. Vuelvo a mi habitación. Me visto con la ropa que había preparado el día anterior, la ropa que me habían dicho mis amigas que me pusiese. A mí no me gusta mucho, pero quedo bien entre los míos. Me marcho hacia el colegio. Como de costumbre, mis amigas insultan a unos niños africanos y con pocos recursos, y se burlan de ellos por su pobreza. Me uno a ellas. A mí no me gusta hacer esas cosas, pero si no las hago, me arriesgo a quedarme sola, sin amigas.

Durante el recreo, voy al espejo del baño para recogerme el pelo, como les gusta a mis amigas. Lo que veo es muy extraño. Por detrás veo un corazón que se aleja llorando, un corazón triste, mi corazón. ¿Por qué se va de mi cuerpo? ¿Qué he hecho mal? Pasan las interminables horas de clase. Por fin es la hora de comer. Por la tarde, tengo que entregar un trabajo, pero no lo he terminado. Lo consulto con mis amigas. Nadie lo va a llevar hecho. ¿Qué hago? Está claro. No puedo ser la única “panoli” que lleve hecho el trabajo, ¡sería desastroso!

A la entrada de mi casa hay un gran espejo. Al pasar por delante, veo mi reflejo en él. Detrás de mí hay algo abstracto y joven, algo que aún no ha terminado de formarse, algo resplandeciente. Es mi mente. ¿Por qué se va de mi cuerpo? ¿Qué he hecho mal?

Es la hora de comer. Mi hermano está sentado en la mesa y el mando a distancia está en su poder. ¡Otra vez esos estúpidos dibujos! Sin piedad, se lo arrebato. Su llanto es para mí como el sonido del agua en una tarde lluviosa. Le hago caso omiso.

Al terminar de comer subo a lavarme los dientes. Al mirarme en el espejo veo unos oídos que se van. Son unos oídos sordos, unos oídos que ya no merezco. ¿Por qué se van? ¿Qué he hecho mal?

Se hace tarde. Tengo que volver a clase. Al llegar, veo a mis amigas a lo lejos. Están pegando a aquellos niños africanos. ¿En qué me he convertido? ¿Soy como ellas? Esas caras de dolor, esos llantos, esos pobres niños… yo no quiero ser así. Apresuradamente, voy a defender a esos chicos. No se merecen ser tratados de esa manera. Me rebelo contra mis amigas, ¡estoy harta! No volveré a salir con ellas.

En clase, le pido disculpas al profesor por no traer el trabajo, y me concede unos días más para dárselo. Al llegar a casa, me peino como yo quiero, me visto con mi ropa favorita y veo los dibujos con mi hermano. Más tarde, me miro en el espejo y vuelvo a ver esas mejillas sonrojadas y con pequitas que hace tiempo me abandonaron.


> 10> LOURDES ROMAN CANO

Mi refugio”.

Tengo un curioso ritual que hago de lunes a viernes, nada más levantarme. Se trata de mirarme en el espejo del baño. Es un objeto sencillo, formado por un cuadrado grande de cristal con un marco metálico, donde se refleja el rostro. Fíjate, un objeto tan simple y la de sensaciones que puede hacer aflorar. Os contaré cómo me veo cada mañana en este espejo.

Ese lunes, al despertar, esa mañana en la que estoy cansada y en la que me da pereza empezar una nueva semana con una jornada escolar, el espejo es mi enemigo. Me muestra mi rostro de amargura, mi melena totalmente despeinada y, lo peor de todo, esa nueva espinilla. Son elementos que me hacen pensar en la sensación que les daré a los demás, que me siento débil, rechazada… fea. Y eso me hace encontrarme fatal durante todo el día.

Los martes cuando me levanto, me dan ganas de reír. Al ver mi inocente rostro en el espejo; una cara risueña que está ansiosa por conocer las nuevas aventuras que le depara el día. Eso hace que mi autoestima suba, y … me agrada lo que veo. Así, estoy de un excelente humor todo el día.

Miércoles por la mañana temprano. Ya tan pronto todo me pesa, me agobia; me atosiga. Observo mi cara en el espejo y veo la misma chica de todos los días, a la que le espera una burla segura en el recreo ese día, por parte de los chicos tan plastas de siempre. A veces, quisiera conseguir el valor necesario para ignorar sus palabras o hacerlos callar. Pero no puedo evitar que por muy pequeña que sea la burla, el corazón se me acelere, que por mis mejillas resbale unas pequeñas y saladas lágrimas y que mis ojos, desorientados, busquen una salida, un escondite: un refugio.

Llega el jueves por la mañana. El ritual de contemplarme en el espejo se repite. Esta vez me muestra un rostro con los ojos enrojecidos por el llanto, aunque no están tan rojos como el día anterior. Observo mi sonrisa de medio lado. Significa que no estoy feliz, pero que tampoco me encuentro fatal. Miro mis espinillas y suspiro con tristeza al pensar que la burla del miércoles se pueda repetir. Me muerdo el labio inferior para no romper a llorar. Y el espejo se esfuerza por mostrarme una chica decidida y valiente. Creo que a veces se comunica conmigo. Siento que hace ademán de hablarme, de infundirme ánimos.

El viernes al despertarme, siento un gran alivio. Al fin termina la jornada de la semana y ya no tendré ningún miedo ni ninguna necesidad de enfrentarme a alguien. Aunque mi rostro, inseguro como siempre, manifieste temor, sé que volveré a mi refugio. Mi seguro refugio.

¿Sabes por qué no practico mi ritual los fines de semana? Porque ese día no veré mi refugio. No me sentiré ni fuerte ni valiente sabiendo que no asistiré allí. Y bien, ¿intrigado por ese refugio? Ya, seguro que te sonríes y piensas que estoy loca. Os aseguro que pronto encontraréis vuestro refugio y que nada podrá vencerlo. Desde que yo encontré el mío, ya no doy importancia a las burlas de los demás. Surgió cuando aquella chica sonriente que estaba en mi clase pero en la que nunca me había fijado, me saludó. Sí sólo dijo: “hola”. Yo continué hablándole. Fue especial. Mi primera amiga. Mi refugio seguro donde poder ser feliz. Donde los complejos quedaban a parte. Donde cada día se unían nuevos amigos. Donde podía vivir como realmente deseaba: siendo yo misma.


> 11> MARCOS PERERA IZQUIERDO

Si volvemos la vista atrás, descubriremos que los espejos, instrumentos que actualmente vemos tan cotidianamente, tienen una historia más interesante de la que nosotros le asignamos. Es cuestión de hacer volar la imaginación…

Antiguamente, los habitantes de Mecenas fueron famosos por su idea de construir placas pulidas de bronce, el primer esbozo de espejos. Las mujeres los utilizaban para acicalarse, peinarse y ponerse adornos.

Un milenio más tarde, los etruscos, habitantes del río Tíber antes que los romanos, fabricaron espejos; como expertos artesanos que eran, sus obras eran más complejas, siendo ahora de forma redondeada, cilíndricos o circulares; con mango y tallas de leones alados. Estos espejos plasmaban los sentimientos y pensamientos de sus autores, por lo que solían ser obras muy espirituales, y eran utilizados por los adivinos a la hora de predecir los vaticinios en las vísceras de los animales.

Si damos un salto en el tiempo, encontraremos en Venecia, en el siglo XVI, los artesanos constructores de espejos florecieron, siendo ésta la época de los mayores genios, como el maestro Guido Forlani. Se inventaron nuevas técnicas de fabricación, que permitieron el descubrimiento de nuevos efectos, como los efectos “catóptricos”, llamados también de triple reflejo. En esta época, los espejos adquirieron nociones más esotéricas y misteriosas, pasando por las ideas de contemplación de otros mundos, otras realidades, a través de los espejos; pero nunca pasó la visión estética de los espejos.

En la actualidad, los espejos son utilizados por la gente para acicalarse, para ver su reflejo, esa parte de nosotros que a la vez no lo es, y que utilizamos para descubrir nuestro rostro y poder saber cual es nuestro aspecto, que de otra forma nos sería imposible averiguar.

Sin embargo, ante el espejo, nuestros sentimientos nos quedan vedados. El espejo de nuestros sentimientos está empañado, cubierto por un velo de niebla. Para ello, tenemos, necesitamos a los demás. El resto de la gente percibe nuestros sentimientos, como si fueran prendas de ropa. La gente que nos quiere nos ayuda, mostrándonos cómo nos sentimos, ayudándonos. El apoyo mutuo es como un espejo, lo que hagas de bien se reflejará para ti, pero lo que hagas de mal, se empeorará en tu contra: observa tu reflejo y decide qué imagen te gustaría reflejar.


> 12> NEUS CHILLIDA ZARAGOZÁ

Al cruzar la puerta aparece frente a mí la imagen de una joven risueña, creo que se parece a mí, pero esa duda aparece sólo un instante en mi mente. Tras ella se refleja un mundo paralelo al nuestro, un mundo sin sentimientos, gris, triste, silencioso…La misteriosa joven desaparece en cuanto yo salgo de la habitación y vuelve cuando yo regreso, mira con astucia todos mis gestos y refleja todos mis delicados movimientos.

Su imagen es algo superficial e insegura y por eso teme que un día su frágil silueta se rompa en brillantes trozos. No puede hablarme pero su sinceridad se muestra en su mirada, no puede oírme pero me comprende en su silencio misterioso. Su vida es rutinaria ya que nunca podrá salir del antiguo marco dorado que envuelve el viejo espejo. En el rincón, más bajo aún, se recuerda la imagen del pasado, la cual por más tiempo que pase no borrará el apesadumbrado espejo. Viejo espejo que me ha visto crecer, reír y llorar,… viejo espejo que le dio a mi reflejo la vida… Espejo de mis sueños que en un futuro se cumplirán, verás pasar mis años y tú seguirás igual colgado en tu precioso marco dorado, con tu pulida superficie que con sinceridad muestras la verdad a todos aquellos que se acercan y creen en ti.

Te pido que no te ocultes nunca a nadie, que se vean sobre ti y conozcan su reflejo, te pido viejo amigo que no mientas nunca o se perjudicarán las vidas de personas inocentes.