¿Cómo escribir un relato?
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> >EL LENGUAJE: LA HERRAMIENTA DEL ESCRITOR.

PRESENTACIÓN

La Escuela de Letras es un centro especializado en la enseñanza de las materias relacionadas con la Creación Literaria. Nuestro interés es la Literatura. Indagar en los textos para descubrir de dónde procede esa magia que hace que sólo con palabras se pueda construir un mundo completo y complejo en el que el lector puede sumergirse. Todos habréis tenido la experiencia de entrar en uno de esos mundos de palabras, y de haberlo sentido como si fuera real. Quizás algunos habréis intentado construir uno propio, y os habréis tropezado, posiblemente, con algunas dificultades. Nadie ha dicho que sea fácil. Pero nosotros estamos convencidos de que merece la pena intentarlo, y, sobre todo, de que se puede aprender. Desde luego, la mejor manera es escribiendo. Y disfrutando de escribir, sin rendirse ante las dificultades, buscando, ensayando, equivocándose, por qué no, para volver a intentarlo con más ganas aún.

El territorio de la escritura puede proporcionarnos grandes placeres. Fijaros que ahí, solos, frente al papel, somos libres para cambiar el mundo, para inventar otros, para modificar todo lo que nos desagrada. También podemos reflejar nuestros deseos, convertirnos en personajes que viven lo que como personas, posiblemente, no llegaremos a vivir.

El lenguaje es muy rico y encierra grandes posibilidades. Sólo con palabras podemos crear personajes que parecen de carne y hueso, lugares habitables, cosas que se ven y casi se pueden tocar, oler, sentimientos intensos, sensaciones vivas, reales, que el lector, nuestro lector, podrá compartir.

Nos gustaría animaros, y ayudaros, aunque sea un poquito, a cumplir vuestros deseos en relación a la escritura. Para ello, os ofrecemos un material que puede haceros las cosas algo más fáciles a la hora de componer vuestro Relato Corto. En este tema analizamos los elementos más importantes del Relato y os ofrecemos una serie de actividades que pueden serviros para practicar algunas cosas puntuales antes de lanzaros a por el Relato. Esperamos que os sea útil. Y, por cierto, no olvidéis que, además de escribiendo, a escribir se aprende leyendo.


EL RELATO CORTO

Bases teóricas:


Este tema está planteado como un resumen destinado a tratar los aspectos básicos del Relato Corto e incluye Actividades que pueden servir como “entrenamiento” previo a la escritura de un relato.

Si tuviéramos que definirlo, podríamos decir que es una narración que se caracteriza por su brevedad (aunque no por ello incompleta, carente de sentido o de capacidad para transmitir una visión sobre la realidad). Parece de Perogrullo, pero es importante tener en cuenta esa condición de brevedad, puesto que se convierte en limitación y oportunidad para la narración. Dice Marina Mayoral: “La novela es como un veneno lento y el cuento, como un navajazo”. La expresividad de su comparación transmite una idea clara de algunas de las condiciones que un relato corto debe cumplir: la intensidad, la concentración, el impacto, la profundidad...

En un relato corto es imprescindible la precisión. Si no la tiene no llegará nunca a alcanzar esa capacidad de atravesar al lector que un buen relato debe tener. Citando ahora a José María Merino, digamos que “Los cuentos no toleran elementos accesorios. Todos los materiales del cuento tienen una función principal: de ahí la difícil concisión a que obligan, que no está sólo en el empleo de las palabras, sino -sobre todo- en la previa selección de los motivos”. O en palabras de Horacio Quiroga: “No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas”. Todas estas palabras nos recuerdan la importancia de la precisión de la que hablamos, nos plantean que el relato debe funcionar como la maquinaria de un reloj, al que no pueden sobrarle ni faltarle piezas; una maquinaria perfectamente ajustada en la que cada engranaje debe encajar con los demás, cumpliendo su función, para que, finalmente, el relato consiga su objetivo de impactar al lector.

Si de brevedad hablamos, deberemos hablar también, pues está asociada con ella, de economía. Y ¿a qué llamamos economía en un texto literario? A contar más con menos, a obtener el mayor rendimiento posible de cualquier elemento de composición del texto. Por ejemplo, para mostrar el modo de actuar de un personaje, lo más económico será buscar una acción representativa, una acción que resuma su comportamiento general. O para describir su aspecto: lo más adecuado será utilizar sólo aquellos rasgos que mejor den cuenta de éste, los que transmitan, además, lo que de significativo haya en él. O si se quiere reflejar un sentimiento de angustia del personaje, el ritmo acelerado del texto, mientras se relata una acción, puede hacerse cargo de transmitirlo sin necesidad de dedicarle parte de la narración. Nos referimos entonces también a la capacidad de sugerencia, a la capacidad que puede tener lo dicho, siempre que se haya elegido bien, para hacerse cargo de lo no dicho. Eso es lo que dota de intensidad y potencia a un relato corto, que se revela así como una materia concentrada.

Veamos un ejemplo. Un personaje le dice a otro “estoy hasta la mismísima coronilla de que siempre digas que eres huérfano”. Esas palabras nos remiten a una realidad mucho más amplia que lo dicho explícitamente. No se está simplemente informando de que un personaje esté harto de lo que el otro siempre le dice. Se están diciendo más cosas: sabemos que uno de los personajes es huérfano y que siempre, probablemente para aprovecharse del otro, recurre a su orfandad; sabemos también que esa situación se ha repetido durante mucho tiempo, que uno de ellos siempre ha cedido por la compasión que le produce la orfandad del otro, que el personaje que ha hablado probablemente no es huérfano, porque si no su compañero no recurriría a su situación para intentar manipularlo, etc. En definitiva, con una sola frase significativa e intensa, se ha construido un determinado tipo de relación, se ha construido un pasado y un presente. No ha sido necesario contar con todo detalle la historia desde el momento en que uno de ellos se queda huérfano y las veces que ha utilizado ese recurso para dominar al otro. Una sola frase basta.

En un relato corto es necesario captar rápidamente la atención del lector. No hay mucho tiempo, el lector se ha puesto a leer algo que espera consumir rápidamente, sabe que no hay mucho por delante; espera por tanto encontrarse enseguida en el meollo de la cuestión, atrapado por el mundo del relato. La tensión del texto debe estar muy pronto en primer plano. Esa es una de las oportunidades que la brevedad ofrece: poder mantener la tensión en un nivel alto en la mayor parte de la narración (algo que la novela no permite hacer). De ahí la importancia del inicio del texto. Un buen principio, que genere expectativas, que rompa con lo previsible, que provoque preguntas, es la forma más segura de interesar al lector. Veamos algún ejemplo:
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco?. La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces?” (“El corazón delator” de Edgar Allan Poe).
Naturalmente sabía – nadie podía saberlo mejor que él- que no tenía ni sombra de esperanza, ni la más mínima posibilidad.” (“El señor y la señora Palomo” de Katherine Mansfield).
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía de ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba.” (“La noche boca arriba” de Julio Cortázar).

Enseguida, tras el inicio, ha de plantearse el conflicto narrativo. Cuando hablamos de plantear el conflicto, estamos hablando de enfrentar al personaje a una situación para la que no le sirven sus recursos habituales (tanto intelectuales, como emocionales, como físicos...), que remueve sus cimientos, que trastabilla su mundo. Por ejemplo, puede ser una situación de conflicto: que le toque la lotería, quedarse solo en casa por primera vez, encontrar un niño abandonado o “levantarse convertido en escarabajo”, como ocurre en “Metamorfosis” de Kafka.

Como resultado de este enfrentamiento, de esta crisis, el personaje tiene que acabar necesariamente transformado en su forma de ser, en su forma de entender el mundo. Siendo un texto breve, podría ser que el lector no llegará a ver al nuevo personaje, al personaje transformado a causa de lo vivido, pero al menos deberá atisbar qué facetas de él se han visto afectadas y de qué modo, quedándole la seguridad de que no volverá ya a ser el mismo, de que no será más aquel que conoció al iniciarse la lectura.

Hemos hablado del inicio, del conflicto y de la transformación del personaje. Estas zonas del texto corresponden, en la estructura clásica, a planteamiento, nudo y desenlace.

¿Qué tratar de un personaje en un relato corto, a qué atender de su carácter, de su aspecto, de su biografía?. La respuesta es sencilla: tan sólo aquello que vaya a ponerse en juego en el enfrentamiento al conflicto, tan sólo aquello que sea necesario para entender lo que le va a ocurrir. Lo mismo deberá cumplirse respecto a la situación que va a vivir. Sólo los datos relacionados directamente con esa situación deberán aparecer en el texto. ¿Para qué saber, por ejemplo, que la empresa en la que trabaja el personaje ha tenido ya otras crisis, si él no estaba trabajando en ella entonces y no le afectaron en modo alguno? ¿Para qué saber que su hijo mayor emigró a Estados Unidos si eso no tiene nada que ver con lo que le está ocurriendo ahora? Si la información no ilumina algo importante relacionado con su conflicto, con lo que el relato va a tratar, no es información necesaria.

Para terminar, un factor muy importante de la narración es la coherencia. Coherencia en todos los aspectos de su composición: de las reglas internas que el propio autor va definiendo para el relato (por ejemplo, si en un momento dado se ha contado que un gato puede hablar, no es posible, sin perder la coherencia, plantear más adelante que ese mismo gato no puede hacerlo, salvo que haya ocurrido algo que lo justifique). De la construcción del personaje (por ejemplo, si se le ha presentado como un personaje valiente, no se le puede hacer aparecer como un cobarde en algún momento posterior, sin que, como en el caso anterior, haya algo dentro de la propia narración que lo justifique). Coherencia entre los rasgos psicológicos del personaje que se han tratado, la situación a la que se enfrenta y su transformación (por ejemplo, si se ha tratado su envidia, su transformación no debería ser luego de avaricioso a generoso, ni la situación a la que se enfrenta tener que ver con poner en juego su valentía). De la construcción del tiempo (si una acción comienza a transcurrir al atardecer y luego se señala que han pasado dos horas, no se puede decir que el sol cegaba al personaje, por poner un ejemplo). En definitiva, el texto debe mantener su coherencia interna en todos los aspectos. Esto es lo que hará el relato verosímil.

Resumen de las ideas principales:

  • Un relato es una narración breve pero completa y con sentido.

  • El relato ha de ser un texto intenso, concentrado, impactante, profundo...

  • Para que un relato sea eficaz es necesaria la precisión; conseguir que cada una de las piezas o elementos que lo componen cumpla su función y esté en su lugar.

  • También es necesaria la economía, entendida como aprovechamiento de los diferentes elementos de composición del texto. Contar más con menos, para obtener el mayor rendimiento posible de cualquier elemento de la construcción.

  • Hay que captar el interés del lector a través de un buen inicio que genere sus expectativas, le inquiete, despierte su curiosidad, rompa con lo previsible...

  • Es fundamental la presencia del conflicto narrativo, definido como: enfrentar al personaje a una situación para la que no le sirven sus recursos habituales (tanto a nivel intelectual, como emocional, como físico...), que remueve sus cimientos, que trastabilla su mundo.

  • Es necesario transformar al personaje. De la vivencia del conflicto, el personaje ha de salir transformado internamente, habiendo aprendido algo o cambiado de algún modo su visión del mundo.

  • Inicio, conflicto y transformación son equivalentes a planteamiento, nudo y desenlace (estructura clásica del relato).

  • Es importante aportar sólo la información necesaria sobre el personaje y la situación que está viviendo.

  • Es necesario trabajar desde la coherencia los diferentes aspectos de la construcción del texto.

Actividades para hacer en clase o en casa:

Actividad 1:

  • Elaborar una lista de situaciones que podrían servir como conflicto en un relato.

Ejemplos: Nacimiento de un hermano. Traslado a otro país. Cuando el personaje vuelve a casa se la encuentra vacía. Encontrarse una cartera llena de dinero. Sufre un robo. Naufragio. Etc.

Actividad 2:

  • Componer algunas frases o párrafos que resulten suficientemente inquietantes o sugerentes como para poder ser el inicio de un relato.

Ejemplos: “Algunos días no me acuerdo de aquel día”. “Cuando nació, sus padres decidieron no ponerle nombre”. “Voy a contaros la historia más triste jamás contada”. “María miró hacia atrás y el león había desaparecido”. “Cuando Carlos conoció a Pedro, no imaginó lo que sucedería”.

Actividad 3:

  • Construir un personaje, decidiendo todos sus atributos: aspecto físico, edad, con quién vive, dónde vive, en qué época, cómo viste, a qué se dedica, aficiones, objetos favoritos, rasgos de su personalidad y de su carácter...

Actividad 4:

  • Plantear posibles transformaciones del personaje que se ha construido en la actividad anterior. Pueden utilizar el que han construido (individualmente o en grupo) o intercambiarlos entre alumnos o grupos. Pensar en diferentes razones para justificar ese cambio.

Ejemplos: De cobarde a valiente (porque se ha visto obligado a enfrentarse a algo que le asustaba o porque ha tenido que ayudar a alguien que dependía de él); de egoísta a solidario (porque ha sido víctima de la insolidaridad ajena o porque alguien le ha ayudado con su solidaridad).

Actividad 5:

  • Elegir uno de los principios que hayáis elaborado en la Actividad 2 y escribir un relato que comience con él.

Actividad 6:

  • Se trata de tomar un personaje normal y corriente, podríais ser vosotros mismos, y escribir un relato corto en el que lo fundamental sea la transformación de ese personaje en algo absolutamente distinto de él, en algo extraño, “imposible”. Hay muchas posibilidades distintas tanto para seleccionar en qué se convierte (animal, cosa, personaje fantástico, etc.), como para escoger el momento (al principio, al final, a lo largo del relato), o el modo en que lo hace (se convierte porque sí, por un acto mágico, porque toma algo, porque alguien le contagia de algo, etc.).

Propuestas de lectura:

  • Un relato clásico de terror psicológico que ilustra muy bien en qué consiste éste, que no depende tanto de lo que hay fuera como de lo que hay dentro de uno mismo:

"El corazon delator" de Edgar Allan Poe.
Del libro "Cuentos", editado por Alianza

  • Un relato moderno que refleja el recuerdo que ha dejado en un personaje el final de su adolescencia:

“Velocidad de los jardines” de Eloy Tizón

Del libro “Velocidad de los jardines”,
editado por Anagrama

  • Una de las novelas fundamentales del siglo XX. Todo empieza cuando Gregorio Samsa se despierta convertido en un escarabajo... :

    La metamorfosis” de Franz Kafka.
    Editado por Alianza Editorial.

 

Las 10 pistas han sido elaboradas por
La Escuela de Letras